Templo Tōdai ji

Nara: la ciudad de los ciervos sagrados

Oct 13 • Viajes

Japón es un país de contrastes en el que podemos pasar en pocos kilómetros de una bulliciosa ciudad llena de grandes rascacielos y luces de neón a pequeñas ciudades de casas tradicionales y templos iluminados con farolillos. En algunos casos, como en el caso de Kioto, traición y modernidad se dan la mano y en otros como el de Nara, capital de la prefectura de mismo nombre, el encanto de una pequeña ciudad tradicional aún se respira en cada rincón, a pesar de que el turismo ha hecho que sus avenidas principales estén llenas de tiendas de artesanía y souvenires.

Fue capital del país en época medieval, lo que la ha dotado de importantes monumentos que hoy en día son Patrimonio de la Humanidad desde 1998, sin embargo, esta pequeña ciudad es conocida, sobre todo, por ser el hogar de los ciervos sagrados, los cuales campan a sus anchas por calles, tiendas o recintos sagrados y son uno de sus principales atractivos turísticos, pero no los únicos.

Ciervos Nara

Foto de SteFou!

 

Además de visitar las tiendas de artesanía donde podemos comprar numerosos objetos que van desde reproducciones de esculturas de diferentes materiales hasta juegos de té o palillos hechos de asta de ciervo. La ciudad está plagada de tiendas, pero también de templos y monumentos, entre los que destacamos un templo budista y uno sintoísta:

Templo Tōdai ji: es un templo budista que ostenta el récord de ser la construcción de madera más grande del mundo. El edificio, a pesar de su gran tamaño actual, era aún mayor originalmente, sin embargo, las reconstrucciones acometidas tras los dos incendios que ha sufrido en el pasado han hecho que sus medidas se vean mermadas. En su interior, este gran templo alberga el mayor Buda de bronce del mundo, una escultura de 15 metros de alto flanqueado por  dos Bodhisattvas y dos gigantescos protectores tallados en madera. Como curiosidad, uno de los pilares de madera del edificio principal tiene una cavidad en la parte inferior del mismo tamaño que los orificios nasales del Gran Buda y según cuentan, quien logre atravesarlo alcanzará el nirvana. Por este motivo, es habitual ver a niños y adultos intentando traspasar el pilar, algo fácil para los más pequeños, pero no tan sencillo para los que no son tan niños.

Kasuga-taisha: para acceder a este santuario sintoísta caminamos entre decenas de faroles de piedra cubiertos de musgo en una zona frecuentada por los ciervos Sika. Los muros perimetrales, circundados por pilares de un intenso color naranja, ofrecen un interesante juego de profundidad visual. En el interior, centenares de faroles de bronce llamados tōrō cuelgan por todo el recinto sagrado y lo iluminan durante las principales festividades. Si tienes suerte, puedes ver incluso alguna sacerdotisa en el interior del santuario ataviada con la indumentaria tradicional.

 

 

 

Foto de encabezado del templo Tōdai ji de Rog01.

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