Viajeros Ilustres: Miguel de Cervantes

Viajeros Ilustres: Miguel de Cervantes

Abr 23 • El dato

Llega un nuevo Día del Libro y como no podía ser de otra forma, vamos a homenajear al gran e ilustre don Miguel de Cervantes, apodado como ‘el Príncipe de los Ingenios’. El autor de ‘Don Quijote’, el libro más traducido de la historia junto a la Biblia, fue -además de un gran escritor- soldado y contable.

Sus aventuras le llevaron a recorrer numerosos lugares a lo largo de su vida, no solo las tierras de La Mancha, que refleja de forma sensacional en su obra maestra. Otros de sus viajes a lo largo del mundo no fueron precisamente de placer. Sin embargo, fueron claves para forjar el carácter del genio.

Tras una infancia y juventud algo agitadas por problemas de deuda de su familia, que se repartieron entre Córdoba, Sevilla, Toledo, Cuenca, Alcalá de Henares, Guadalajara y Valladolid.; finalmente se instala en la ciudad de Madrid por motivos de estudios .

Por un acontecimiento incierto -algunas fuente apuntan a un duelo en el que salió mal parado un tal Antonio Sigura- se ve forzado a establecerse en Italia. Por aquel entonces, los intereses del Imperio Español poseían fuertes intereses en la zona, especialmente en la región de Nápoles; ciudad de paso para militares.

El joven Miguel se desplazó sin embargo a Roma, acompañando al cardenal Giulio Acquaviva. Su servicio le llevó a muchas ciudades italianas como Palermo, Parma, Ferrara, Venecia, Florencia o Milán. No reconfortado por la lenta evolución que suponía para él el servicio religioso, se embarcó rumbo a Lepanto para ganarse la vida como soldado.

Por aquella época, la militar era la forma más rápida, aunque poco segura, de ganar reputación y honor. Esta cuestión era indispensable para salir adelante en la dura sociedad de la Edad Moderna. El escritor se defendió con valor en dicha batalla, que acabaría con una grave lesión de la que recibió el mote del ‘Manco de Lepanto’.

Ganó más fama aún recorriendo las regiones de Sicilia, Cerdeña, Lombardía y Génova para establecerse finalmente en Nápoles por un periodo de dos años. De esta forma, recuperado su honor y algo de fortuna, y con dos cartas de recomendación de Juan de Austria y del Duque de Sessa, volvía a España con la intención de triunfar.

Un giro de acontecimientos

La mala fortuna volvió a llamar a la puerta de Cervantes cuando se dirigía en una embarcación de vuelta a España. La nave fue capturada por los turcos, que lo hicieron preso y lo enviaron en cautiverio a la región de Argel (Argelia). Se puso un precio de 500 escudos a su liberación. Cinco años y cuatro intentos de fuga más tarde consiguió ser liberado por unos padres trinitarios -nombre que recibían los religiosos que liberaban a los presos españoles-.

Una vez regresó a España se vio forzado a desplazarse a la corte de Felipe II en Portugal para tratar de recuperar en parte la gran inversión que tuvo que entregar su familia por su rescate. Éste le encargó una misión de espionaje en Orán debido a su experiencia en suelo argelino y su don de cultura. Con esta última labor consiguió recuperar la senda para reconducir su vida y se estableció definitivamente en 1581 en España, donde aún le esperarían grandes fortunas -como publicar ‘La Galatea’ y ‘Don Quijote’- o desgracias -fue aprisionado en 1597 en Sevilla, donde escribiría su gran obra maestra-.

La imagen que encabeza este artículo pertenece al usuario de Flickr Pixelalmudena.

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